miércoles, 22 de febrero de 2012

Mamá..

Mamá, hoy he vuelto a vomitar. 
Pero claro, eso tu no lo sabes. 
En realidad, nunca lo has sabido.
     Gritos, risas, discusiones... se escabullen de la nueva tele,  recorriendo cada rincón de esta casa, camuflando los demás sonidos, camuflando las arcadas. No te culpo de tu ignorancia. Simplemente es el papel que te toca representar en esta historia, una papel que cuidadosamente te he asignado. Si lo supieras... pero no, no quiero más problemas.  
  
     Juré que no volvería a suceder, y eso fue el martes. Estamos a jueves. Confié en mi fuerza de voluntad, tan ciegamente como siempre, sabiendo que en cuestión de dos, tres días, esa fuerza me abandonaría. Entonces me dejaría llevar por la ansiedad producida por los exámenes, por el estrés, o sencillamente me limitaría a seguir la rutina, mi rutina... Y en el fallido intento de ocupar mi tiempo con cualquier cosa que pudiera hacer de forma mecánica, sin pensar, sin sentir, acabaría en la cocina.

     Aún entonces seguiría pensando "será solo una pieza de fruta", la cual acabaría maldiciendo, pues constituiría minutos más tarde el detonante de una reacción en cadena. Porque detrás de esa pieza de fruta va una galleta, detrás de esa galleta un trozo de bizcocho que mamá hizo el día anterior, detrás, detrás, detrás. Detrás va el sentimiento de culpa. Y lo único que ronda entonces tu cabeza es que al día siguiente la báscula marcará unos gramos más; eso en el mejor de los casos, porque tu cuerpo no está acostumbrado a tales ingestas. Pero aún queda una opción, esa opción.

     Mamá, yo no quiero ser así. Pero todos me decían "Sara, que guapa estás", "Sara, que cuerpazo tienes", "Sara, pareces una princesa". Y me gustaba sentirme como una princesa. Pero también me gustaba verte feliz. Por eso tuve que hacerlo, tuve interpretar mi papel, un papel en el que era una niña sana recuperada de una etapa de lo que los médicos llamaron "trastorno alimenticio". La cenas de navidad, los cumpleaños... solo estaba actuando.

    Y ahora no se que hacer. No se como cambiar esta situación. Tal vez llegue el día en que apagues la tele antes de tiempo. Entonces  abrirás los ojos y lloraremos juntas. Entonces podré volver a ser tu niña, esa niña despreocupada y feliz que un día fui y que cada día me cuesta más ver en mí.






   
     

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